Me gusta pasear por la orilla del mar. Y si es con mi Amo, soy la perra más feliz del mundo.Pero esa tarde no venía conmigo. Le pregunté si deseaba acompañarme y no me contestó, así que salí a dar mi paseo a solas. Aunque yo iba, como siempre pensando, en Usted.
Me senté en la orilla, donde ya no se veía a nadie. Mmm, ojalá estuviera aquí, pensaba, y me abrazara por detrás. Y, de pronto, allí estaba... susurrándome al oído y agarrándome del pecho.
- Putilla, no me has esperado para venir... arrodíllate y cierra los ojos.
Me quitó la camiseta y el sujetador, dejando mi pecho al aire, que yo intentaba cubrir con las manos.
- No, mi putilla ansiosa, pon tus manos en la espalda, y tranquila, que estás en mi manos.
Sentía vergüenza; ese tipo de humillación me hace temblar porque me cuesta exhibirme. Me quería esconder entre sus piernas y que no viera lo sonrojada que estaba.
- Abre tu boca de putilla -, me dijo
Obediente abrí bien la boca, para que mi Señor la usara, pero... no la usó: me dejó allí medio desnuda y con la boca abierta. Esperando, quieta y sin poder abrir los ojos.
Le imaginaba vigilando cerca, cuidándome de lejos.
Sentía frío y los ojos ya se me habían puesto verdes, como cuando brotan mis lágrimas.
En el límite, cuando ya casi no podía más, vino a rescatarme.
Me puso su chaqueta por encima y con un abrazo cálido me susurró al oído:
- Muy bien mi tesorillo, abre ya los ojos; vamos a casa que hoy preparo yo el baño caliente.
A sus pies... esperándole siempre, su tannia{Dei}


