Ya no podía más; sólo de pensar en volver a pasar por la desilusión que supone no verle me cogía un dolor en la boca del estómago y una angustia... Las horas antes de verle de nuevo fueron una mezcla de ilusión y ansiedad que no había vivido nunca las anteriores veces. ¡Qué malo es el miedo a no verle!
Pero sí, esta vez sí, cuando cerró la puerta, mmmm... ya nadie nos iba a robar nuestro momento.
"Tranquila, perrita" me decía mi Señor, mirándome con cara de pillo, "Ven a mis pies, que lo estás deseando". Era el momento deseado; Amo y sumisa, el resto podía esperar.
Ahora bien, sé que sería algo tedioso que empezara a contar segundo a segundo los hechos y sentimientos de nuestro último encuentro. Así que me he tomado la libertad, con el consentimiento de mi Señor Deitannia, de recrearme sólo en algunos detalles. Normalmente, cuando acaba la sesión y me tiene abrazada, me suele indicar sobre qué desea que escriba. Al no darme esta vez una línea concreta pues ... aquí van mis momentos escogidos:
Los azotes abrazados de pie.
No hablaré de la teoría de los azotes, ni tampoco si me gustan o me duelen. Quería contar sólo unos segundos, imaginemos; Amo y sumisa ambos de pie, Él totalmente vestido y calzado, ella en ropa interior y descalza. Su Señor la atrae hacia si, abrazándola, mientras que con la mano derecha le baja la braguita, lo justo para ver como su culo va cogiendo color mientras la azota. Se me ocurrió pensar que esa situación la podríamos vivir en cualquier lugar, sólo con subir mi falda estaría a su entera disposición. Escondí mi cara en su pecho, la perra ya estaba mojada.
Besar sus pies.
Mi Amo nunca me había obligado a hacer tal cosa; desvestirle y descalzarle sí... pero besarle los pies desnudos, eso nunca. La idea había pasado por mi mente alguna vez, pero no recuerdo habérselo contado.
"Vamos, besa los pies de tu Dueño." Otro pellizco en el estómago me acaba de venir, igual que el que sentí en ese momento.
La sensación de entrega, de ser suya por completo, la viví en ese pequeño gesto. Gracias mi Señor.
Lamer sus huevos.
Me encanta, me encanta hacerlo, y mirarle desde abajo para ver su cara de satisfacción. Lo haría durante horas, sólo por sentir su placer.
"Para, para, perra, que estoy muy excitado y quiero correrme en tu boca"; y yo sabía que había llegado el momento de abrir bien la boca, para que la usara fuerte y hasta el fondo, notando que me ahogaba, que me forzaba al máximo, para correrse allí y dejarme su regalo.
El anillo.
Mi Amo, de vez en cuando, me concede algunos caprichos, siempre que me porte como debo y sea buena sumisa. Bueno, pues... tenía yo la ilusión de probar un anillo vibrador. Digamos que... lo pasamos muy bien, nos entró la risa por el ruido que el aparatito hacía. Conclusión: Unas risas!
Dormir abrazados.
Y aquí, me faltan las palabras, sólo tengo una ... feliz.
El orden es el cronológico, y ¿el porqué he elegido estas sensaciones? Pues porque era imposible ponerlas todos. Hubo otras, quizás más lindas, más especiales, más divertidas... pero tenía que elegir, así que esas otras las dejamos bien guardados.
Suya y feliz de serlo, Su perra tannia{Dei}